

En Texcoco, Estado de México, se elaboran de manera artesanal las hostias que se utilizan en la celebración de la Eucaristía, una labor silenciosa y profundamente espiritual realizada por la Orden de las Hermanas Clarisas Capuchinas.
Esta congregación pertenece a la segunda orden de San Francisco y constituye la rama femenina de la reforma franciscana de los Hermanos Menores Capuchinos. Su vida es contemplativa: dedicada a la oración, la austeridad y el trabajo manual, como la elaboración de hostias, que además de sostener su comunidad, contribuye al servicio litúrgico de parroquias y templos en distintas regiones del país.
Más allá del proceso, cada hostia representa una tradición viva donde la fe, disciplina y entrega se unen en lo cotidiano, recordando que incluso en el silencio de un convento se construye parte esencial de la vida espiritual de México.
📷Via: Mons. Carlos Enrique Samaniego López






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